Recordando al arquitecto de la alegría
Recordando al arquitecto de la alegría por wilmer
En el ochenta conmemoración del estreno de la Exposición Iberoamericana de Sevilla, la memoria del arquitecto famoso por excelsitud sigue aún hoy muy vigente en la ciudad mediante sus edificios. La efemérides concuerda con la de su fallecimiento, apenas unos días después de ver terminada la Plaza de España, sin duda, su obra cumbre.
Antonio Campos. Sus colegas lo consideraban el “Don Juan de la arquitectura” (“El arquitecto de la Alegría”, Rafael Sánchez Mazas, ABC), un maestro sin comparación en el arte de la fascinación sólo mediante ladrillos, ora rosa y ámbar, ora verde y azul, ora… de algo nunca antes visto. Y Don Juan ya que acopló con todos los estilos y ninguno a la vez, porque galanteó con todas las expresiones artísticas de primeros del siglo XX y fue competente de efectuar una ciudad a su medida; una ciudad a la medida de Sevilla.
Cuando se cumplen 8 décadas de la inauguración, en mayo de 1929, de la Exposición Iberoamericana de Sevilla, es insostenible no acordarse al mejor arquitecto sevillano de esos tiempos, al maestro del arte que vistió a la capital hispalense cuando la ciudad se hallaba, aún, desnuda.

Aníbal González fue el mejor en su época, antes y después de concluir sus estudios.
